martes, 20 de marzo de 2012

Un día Cualquiera

Mañana nublada, café con leche, tostadas, mermelada light, besar mejillas y decir adiós, en la convicción que será un hasta luego.

Caminar sin sentir mirar y no ver, cielo, pájaros, escuchar sin oír más que el motor del bus  aproximándose a la bocacalle, subir pagar el viaje aprisionarse contactarse con los otros forzadamente, casi repugnantemente.

Ver caer agua del cielo, caminar y protegerse en los aleros, chocarse y maldecirse con los otros.

La computadora, la vincha telefónica, los clientes, el almuerzo tupperware y luego más vincha, más clientes, intentar dialogar sin sentir, solucionar problemas que no son problemas, mentir, estafar a los otros.

Observar el viento aniquilar  las nubes y dejar solo agua escondida bajo las aceras rotas, agua y tierra, barro salpicado en los pantalones.

Entender que es tarde y el sol se ha dejado morir.

Experimentar que el bus es un arca de Noe, repleta de especímenes humanos naufragados, contagiados, escuchar comunicaciones por celular, sentir que no se escuchan ni hablan y menos se escriben, ver echar sonrisas cómplices al éter, al otro, quien tampoco les quiere escuchar, solo hablar.

La casa, los hijos, la cena, las preguntas, el informativo y la crónica de esas muertes cotidianas abstractas de acá de allá de cualquier lado, de los otros, el beso de las buenas noches y dormir.

Cerrar los ojos y experimentar la muerte, no ya la de los otros, sino la de uno mismo. 

lunes, 19 de marzo de 2012

El Origen

Era el momento soñado, un instante de tiempo presentido en incontables oportunidades, imaginado o tal vez intuído en la certeza de su poder para convertirse en real y  gracias a cuyo anhelo conseguí afrontar con esperanza cada uno de los intentos suicidas que pasaban por mi mente en aquellos años.

La escena estaba lista, la supernova gestándose, la encontré. El cúmulo de sensaciones y efectos fue tal y tan abrumadoramente impactante, que la absorbí y así se introdujo sin más en mi ser, en lo más vasto y recondito, para permanecer inconciente y a la vez darme conciencia de la dependencia que su existencia genera, la soñé con los ojos abiertos, y fue justo allí cuando su aura se ensambló a mi alma instantánea y frugalmente.

Sin saber cómo pero sabiendo porqué, la acompañé a casa de sus padres y fue un caminar hablado con palabras vacías, gestos y miradas que se encontraban en la certeza de haber compartido el antes y el después de la vida.

Se transformó ese en el instante, el punto de partida y de llegada, la parábola del tiempo ya trazada, no sé cuándo, ni dónde, pero el azar había unido aquello que nada puede disolver, eso que va rotando de mundo en mundo, de universo en universo, asumiendo que es origen y desenlace, permitiéndonos la ilusión inconsciente de eternidad.

Mis labios rozaron apenas los suyos, humedad, sorpresa, desequilibrio, augurio, deseo.

Nuestra esencia humana, el tiempo de la conciencia, la rutina, conspiran, atacan, intentan avasallar sin entender, que la maldad podrá extinguirnos, pero el sentimiento encendido esa noche no tendrá fin jamás, y es el que nos permite tener un atisbo de fe en el futuro. 

Es, fue y será, esto y solo esto, amor.

jueves, 8 de marzo de 2012

El sátiro de la bicicleta

Carla Priscianic, psiquiatra, cuarenta años, altanera, rubia, obsesiva, exquisita en sus facciones y dotada de una inteligencia singular, colgó el auricular del teléfono. Instruyó a su secretaria para que agende una cita con un nuevo paciente dentro de una hora, y también se comunique con la producción del noticiero de canal Verdad, para postergar, la entrevista que iban a realizarle, a consecuencia de obtener su opinión y consejo a la ciudadanía, a fin de llevarle calma, ya que por esos día el accionar impiadoso del sátiro de la bicicleta, había transformado el devenir cotidiano de la ciudad.
Viky una vez que termines con eso, podés irte a tu casa  – Ordenó a su secretaria.
Pero Doctora, no necesita que le haga la ficha de ingreso al paciente nuevo – Respondió extrañada Victoria
No me oíste bien – Recalcó, con su típico tono mezcla de soberbia y burla arrogante.
Si, Doctora, gracias.
Al tiempo, Victoria, tomó sus pertenencias, observó detenidamente la fotografía en la pared de Sigmund Freud y pensó “A esta loca de mierda, ni siquiera vos Sigmund, le encontrarías remedio”.
Hasta el martes, doctora – Exclamó antes de cerrar la puerta del consultorio, sin esperar contestación, ya que en cinco años de trabajo, jamás la obtuvo.
En la planta baja observó una bicicleta atada con cadena y candado.
Sonó el timbre del cuarto piso, Carla observó por la mirilla, abrió la puerta y extendió su mano con un …. -Buenas Tardes, soy la Dra. Priscianic, adelante
-Mi nombre es Carlos Maciel – recibió como respuesta, su instinto le indicada que el nombre o el apellido eran falsos.
-Bueno, tome asiento o recuéstese, como guste y cuénteme, qué lo trae por acá, quién lo derivó a que mantuviese una consulta conmigo, el latiguillo se desprendió de sus labios sin esfuerzo, estaba grabado a fuego en su mente, a fuerza de ver paciente, tras paciente, día tras día y año tras año.
- Lo que me trae por aquí, debería decírmelo Ud. Dra. y en cuanto a la derivación, provino de los conceptos que vertió en el programa de Susana Giménez, acerca del sátiro de la bicicleta.
Carla se tomó un segundo para pensar, le desagradó la forma en que Carlos comenzó a tratarla, como queriendo imponerse sobre su investidura y le dijo, en el tono más neutro que pudo lograr,
-         Bien, cuénteme entonces, qué le llamó la atención de mis conceptos?
-         Vea, la frase fue así,( hablando del sátiro de la bicicleta) “En él prima más el poder que el sexo, y cualquier resistencia que tenga que vencer le estimula en su patología cada vez más y más, en la búsqueda insaciable de un placer que no llega” dijo Carlos, haciendo halago a su memoria.
-         En realidad me cuesta relacionar, los conceptos que volqué en mi charla, con su visita, (Sintiéndose nuevamente dominadora de la situación y comenzando a analizar más en profundidad el perfil fisonómico de Carlos, ya que pudo adivinar el bigote y barba que llevaba, eran postizos.) si Ud. caballero desea abonarme una consulta para debatir aspectos psicológicos de un agresor sexual, pues bien, lo haremos, al fin y al cabo con ello me gano la vida.
-         No, yo soy el sátiro de la bicicleta!!! Gritó Carlos
-          Y he venido por tí.!!! Los ojos de Carlos al igual que su rostro se habían transformado súbitamente adquiriendo un matiz realmente escalofriante, tanto que podría haber sido el modelo en quién se inspiró Robert Luis Stevenson para crear su obra cumbre.
La sonrisa burlona que esbozó Carla en un primer instante, fue dejando paso a una absurda mueca de horror, al notar, que se encontraba ante el mismísimo Mr. Hyde, ese hombre que se paraba delante suyo, sin duda alguna no era el mismo al que le abrió la puerta, algo en él había cambiado, desde lo profundo de su ser habían resucitado sus demonios, había liberado ya no sus instintos, sino sus perversiones más profundamente encarceladas.
Se arrepintió de haber dejado salir antes a Victoria.
-         Ahora vas a ver, putita, quién es el que manda!!!! gritó Carlos (esgrimiendo una navaja que se encontraba entre sus ropas)
Carla intentó defenderse, no pudo aplicar técnicas y conocimientos aprendidos, se encontró sometida, recibió un duro castigo, cuando recordó lo que ella misma había dicho en el programa televisivo, ya se encontraba amordazada y con las ropas destrozadas, siendo abusada una y otra vez, salvajemente, sin darle respiro alguno, quedó semidesmayada sobre el diván resoplando, en una combinación inaudita de éxtasis, dolor y descontrol.
Todo se había salido de cauces, como nunca, había perdido el control de la situación, aun no podía pensar claramente.
Carlos le atestó una fuerte palmada en el trasero y se marchó rápidamente tomando el ascensor.
Intentó recordar las partes de su cuerpo, para volverlo a ensamblar, su mente alucinada, le entregaba sensaciones indescifrables, toda su estructura se desmembró.
Luego de un buen rato se incorporó como pudo, sujetó a medias sus ropas hechas jirones, se movió aturdida, tambaleándose, solo pudo atinar a dirigirse hacia el baño, ya entrada un poco más en sí misma, al hacerlo observó como estaba caído un portarretrato en la mesa de arrime, lo levantó y pudo observarse en su noche de bodas, se la veía joven, alegre vibrante, encajada en un hermoso vestido blanco y a Carlos, en un esmoquin, con mucho más pelo y menos kilos.
Encendió un cigarrillo pensando, las cosas que hay que hacer para mantener vivo el fuego.