Lucía impecable, saco Armani, rolex de oro en la pulsera izquierda, bronceado caribeño, sonrisa Colgate, sin embargo, la circundaba tembloroso, se embriagaba con cada una de sus curvas, sus pupilas se dilataban ante cada detalle, el dedo índice la rozaba sutilmente, sintió como la boca se inundaba en saliva, al igual que si estuviese ante un manjar exquisito, pero de pronto, comenzó a sentirse un poco incómodo, notando que sus pantalones se despegaban un tanto de su cuerpo, no quería demostrar tan fácilmente su excitación, el era un auténtico macho alfa en condiciones de dominar todo a su entorno.
-Puedo?? “En realidad, si preguntó, fue únicamente para parecer educado y amable, las apariencias siempre eran importantes, él diría, más que importantes, fundamentales en la vida!!”.
-Por supuesto … Recibió inmediatamente como respuesta.
Sus delicadas manos se introdujeron lentas, titubeantes, en una combinación de sapiencia y descubrimiento.
Presionó suavemente el click y se abrió la puerta, era una coupe Porsche Carrera GT, se sentó al volante e instintivamente acaricio la palanca de cambios, “ o como mejor les guste llamarla”.
-La puedo encender? consultó al vendedor.
-Ud., sin duda alguna, le contesto con su aflautada voz, el joven.
La encendió y lo sintió, era él y por lo tanto debía ser para él.
Se sentaron a hablar de números, la coupe costaba la friolera de 350.000 dólares.
Él sabía que tenía que hacer, para conseguir el dinero que le faltaba.
A las 48 horas estaba nuevamente en la agencia de autos, dispuesto a llevarse su vehículo, casi soñando, como se complementaría con todo su magnífico ser y como quedaría atónito el resto del universo al observarlo.
Se subió al auto, no sin antes recibir un efusivo beso por parte del vendedor, quien negoció para él un importante descuento con el dueño de la Agencia y también un agudo dolor al sentarse en la butaca y recordar el “rostro” del gerente del Banco al concederle el préstamo.
