No era mañana, mediodía ni tarde, pero era de día. El espejo bramaba, intolerante, desconfiado, incrédulo porque ya no la veía. La luz, la inundaba completamente, qué sentía?, algo, nada, todo.
Un horizonte completamente nuevo y completo, envolvía sus huesos. Los recuerdos borrosos en la mente y el cuerpo se desarmaban. El todo y la nada en su conjunción aparecían ante esa niña esmirriada, flagelada, escondida de si misma, asustada por su huida.
Las barbies prolijamente ordenadas, peinadas, vestidas y maquilladas con ardua parsimonia, reían y se animaban poco a poco a desentumecerse, a abandonar el estereotipo.
La foto de los quince colgada en la pared, dos valses, dos padres, una madre y un par de hermanos que no son hermanos.
Los rumores se agolpan y galopan entre ensueños, las risas olvidadas de momento se incorporan y amagan con transformarse en llantos, una metamorfosis sufrida a diario por su alma.
La computadora encendida, era la voz de los sin voz.
La alfombra el eterno arrullo, amalgama de cielo y tierra, donde cobijarse y liberarse, es lo mismo que amarse y odiarse en simultáneo.
Las estridencias acompasadas, a destiempo el dolor de madre, los golpes, la inyección de adrenalina y el ensañamiento en quedarnos con algo que no es nuestro, con algo que ha sido enteramente suyo, que ya no conoce de esperanzas, las más de las veces vanas, pero esperanzas que se han ido consumiendo al spiedo.
Todos somos parte de todo y nadie esta a salvo de la nada, que también es todo, fluyendo en círculos rectangulares, concéntricos y descentrados.
El azar que rige el universo, fue más que Hipócrates, sus seguidores de juramento blasfemo, la niña abrió sus ojos, capturó la escena, no pudo hacer más que hablar, no había otra forma en que los presentes pudiesen entender su pasado, Dejadme que ya no soy Yo, ya somos nosotros.
El brillo se extinguió, el dolor se apoderó de todo, pero la vida continuó y continuará por siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario