viernes, 16 de diciembre de 2011

El día que murió Perón

La mañana avanzaba en sus ojos
Las ilusiones desbordaban sus sentidos
El tiempo parecía eterno y sin tiempo
La magia flotaba en sus labios


Hay quienes me dicen, que memoria!!, como hacés para acordarte de esto o aquello?, en realidad son muchas más las cosas que olvidé y que olvido, que las que recuerdo, pero hay sensaciones que no se por qué motivo, quedan presas en la mente, pero no en cualquier parte del cerebro, sino en aquella región en la cual la ilusión y la realidad se confunden y alcanzan acuerdos simbólicos, que parecieran ser ajenos a mi y sin embargo son tan inflamables que arden ante el menor chispazo, para quemar e iluminar mi tiempo, despertándome como el sol tibio de un domingo en los párpados, susurrándome canciones empujándome a izar las velas, soltar amarras y emprender el viaje, ese que no es ni más ni menos que una versión de bolsillo de la vida.
Esa mañana no fui a la escuela, según dichos de mi madre, “los maestros estaban en huelga, era un kilombo!!, cada cual hacía lo que quería!!, ya no había respeto por nada!!”, recuerdo que esa frase se repitió innumerables veces en mis oídos de aquella época, sin que yo llegara a comprenderla, las letras se dibujaban en mis labios aunque solo mi nombre y apellido eran rehenes de mis manos, el resto de las palabras formaban parte de una etapa previa al código escrito, recuerdo vivamente, la alegría de encontrarme desde horas tempranas con mi fiel amiga una pelota pulpo Nº 3.
En la puerta de casa comenzó a resonar un griterío fenomenal, pero era esa la más maravillosa música para mis oídos, esa que alza el espíritu, lo eleva y enarbola, otra que Beethoven o Bach, se escuchaba……..
Dani, Dani, Dani……. – Toti y Carlitos me llamaban desde la calle al unísono.
Qué quieren? – esa era la voz de mi madre que no tenía un buen día, a juzgar por el tono.
Doña, puede venir el Dani a jugar – Se distinguía la voz de Toti, siempre dispuesto a negociar lo que sea, desde una figurita del ratón Ayala, hasta la rifa de una canasta familiar con productos inexistentes para la compra de las camisetas del equipo, su mirada cómplice y su orfandad conocida por todo el barrio, hacían que sus pedidos siempre llegaran a un final feliz para nosotros.
No chicos, está en penitencia. –Respondió mi madre secamente.
Dele Doña, déjelo, sea buena – Dijo Carlitos
No, mándense a mudar – Respondió mi madre.
Por favor Carmen, el Dani es como un hermano para mí, sin él no podemos jugar y seguro que después se va a portar bien –Dijo Toti
Bue, está bien!! –Dijo mi madre, mientras en su mente se dibujaba la voz quebrada de Azucena suplicando piedad, cuando era arrastrada de los pelos, por un grupo de hombres armados, que ni bien llegaron a la vereda de la casa de Toti, le descargaron como nueve tiros en el alma a su madre, al tiempo que la mía estaba escondida en nuestro patio, abrazando a Toti, y tapándole la boca, los ojos, los oídos, sin que ninguno de nosotros pudiese jamás olvidar el espanto y el horror vivido.
Yo estaba espiando atentamente detrás de la palmera, esperando que las palabras de Toti, tuviesen efecto sobre el malhumor de mi madre, y ni bien escuché el “está bien”, salí despedido y trepé la reja del portón con una velocidad tal, que al caer al suelo, aún Toti no había alcanzado a agradecerle a mi madre.
La pulpito estaba bajo mi suela, lucía un tanto desalineada luego de tanto rebote, tanta patada artera y la hice chocar contra el cordón de la calle construyendo una pared que dejó desairado a Carlitos, Toti en el arco temblaba, le apunté justo por sobre su cabeza y pateé con todas mis fuerzas, esperando el grito de la tribuna y la vuelta olímpica en andas, ser el héroe de la jornada …..
Pelotudo, la tiraste a la casa de la vieja loca – gritó Carlitos.
La culpa es de Toti que no la atajo – dije con poca convicción.
Ahora la vieja nos la devuelve en gajos y si no es ella, es el turro de Josesito – dijo Carlitos.
Mis ojos, llovían. Toti comenzó a pergeñar algo, él no iba a dejar que nos quitasen la pelota así nomás, solo por haber caído en el patio de la casa de doña Ernestina, al fin y al cabo la Isabel era solo su mucama, y Josesito su sobrino.
Toti tocó el timbre, era la única casa del barrio con timbre eléctrico, y apareció doña Isabel…
Que quieren ahora mocosos – dijo la vieja.
Doña por favor nos devuelve la pelota – dijo Toti con su tono de voz más dulce.
Ya les dije.., ni lo sueñen, eso les pasa por ponerse a molestar a la hora de la siesta, no dejan dormir a doña Ernestina con todo su bochinche –dijo Doña Isabel, disfrutando el poder que le confería nuestra pelota en sus manos.
Entonces quiero hablar con doña Ernestina!!! – exclamó Toti con rabia.
Pero mocoso maleducado, que son esas contestaciones, te voy a dar un cachetazo en la trompa que vas a ver – dijo Isabel desquiciada y arrojando la pelota.
La pulpito cayó en las manos de Josesito quién contemplaba sonriente nuestro sufrimiento.
Mis oídos percibían los gritos de doña Isabel, sin embargo mis ojos no podían entender que pasaba, Josesito clavó una cuchilla en mi pelota y una sonrisa iluminó su patético rostro.
Yo no podía parar de llorar, necesitaba auxilio y fui corriendo a casa, mi madre tendría que hacer algo, era mi pelota, con ella jugaba, soñaba, alcanzaría a jugar en el fútbol europeo, como el ratón Ayala y sus botines.
Entré golpeando la puerta, mi madre no me retó, estaba atónita mirando el televisor, le conté lo sucedido con lujo de detalles, no me respondió, vi sus ojos deshacerse y su pecho temblar, entonces miré y escuche la tele ….
Hoy 1º de julio de 1974, ha dejado de existir el Gral. Juan Domingo Perón.

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