viernes, 16 de diciembre de 2011

Mundial 78

Yo puedo asegurar que a los diez años estaba perdidamente enamorado de una niña, que se sentaba justo en el banco detrás del mío en la clase. Sus ojos azules nublaban los contenidos de matemática, lengua o geografía, que la maestra intentaba inculcarme a fuerza de reprimendas y eran sus ojos, los que desplegaban en mi mente un mundo de sueños y fantasías.
Solo conseguían evadirme un poco de ese mundo ensoñador, los avatares del Mundial 78 de fútbol, que se jugaba en ese momento en mí país, y que tanto en la escuela como también en la televisión y la radio, habían catalogado como un evento único, que muy difícilmente se repitiese en la vida.
Recuerdo el cielo de ese tiempo, siempre atestado de nubes, el frío que se calaba en los huesos y la sensación de querer reír, siempre interrumpida por algún recuerdo.
En esos días la Señorita Rita “mi maestra” o tal vez la Directora o no se quién, tuvo la grandiosa idea, que realizáramos un trabajo práctico grupal, sobre el Mundial de Fútbol y nos dividió en grupos de a cuatro, cuando nombró mi grupo, comencé a creer que mi maestra no era una vieja solterona y amargada, sino una enviada de los ángeles o la aparición milagrosa de uno de ellos en la tierra.
Esa tarde fui el primero en llegar a casa de Silvia, en el camino me crucé con un grupo de soldados armados con fusiles, me dieron pánico, no supe el motivo, ya que hasta hace solo unos años soñaba con ser militar.
Me había peinado una y otra vez, convencí a mi madre para calzarme con los zapatos del domingo, ésta iba a ser mi oportunidad, y no la dejaría pasar por nada, ese era el momento.
Convencí a Silvia, no sin dificultades, ya que ella era una alumna demasiado aplicada, que jugásemos un rato antes que llegara el resto de nuestros compañeros, salimos al patio en común que tenía su vivienda, el mismo era compartido por otros tres apartamentos, nos sentamos justo en el porche del apartamento contiguo al suyo, por un instante tuve miedo que escuchase mi corazón, latía tan fuerte, no podía dejar de mirarla y no me salía una sola palabra, mi mente estaba llena de ellas, pero al momento de pasar a mi boca, se esfumaban ocupando casi toda mi garganta, ya que se me dificultaba enormemente tragar saliva.
Recogí del suelo un chupete rosa….
Debe ser de la bebé, que vive en este apartamento – le dije
No, la semana pasada se los llevaron. Me dijo mi mamá, que debían ser subversivos- me contestó Silvia en voz baja.
Me gustas mucho – le dije, sin pensarlo.
Vos también me gustas – respondió ella.
Querés ser mi novia? – le dije, y ya las palabras fluían de otro modo, masticaban el silencio y lo dominaban, repiqueteaban, danzaban.
No, ni loca, todavía somos muy chicos, para estar de novios.- me dijo, en el mismo momento que llegaba Carla para hacer con nosotros el trabajo práctico.
Un torbellino de sensaciones me inundaba el alma, yo le gustaba y para mí no éramos tan chicos con lo cual aún, la esperanza seguía latente, tal vez en el futuro podría conseguir que fuésemos novios.
A partir de ese día y por un buen tiempo, mi bicicleta recorrió regularmente el vecindario, luego las visitas fueron haciéndose más esporádicas.
Hoy han transcurrido mas de treinta años, y aunque hace poco recuperé el amor, conduzco mi automóvil por esa calle, lo detengo unos minutos y me quedo observando en silencio, esperando encontrar esos latidos desbocados en mi corazón, evocando la ilusión de capturar el momento justo, sabiendo que aunque hoy haya justicia, los recuerdos podrían ser presentes, las ilusiones y sueños realidades y sin embargo, son solo recuerdos.

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