martes, 11 de octubre de 2011

Dorita

Había una vez ….. , esta es la frase con que cada noche inicio la lectura de algún cuento de hadas para mi pequeña hija, pero en esta oportunidad, solo quiero contarle un pequeño y aislado pasaje en la vida de alguien o mejor dicho de mi percepción sobre un momento en la vida de alguien y de cómo ese alguien me entregó algo, una estela de su energía vital y la forma en que esa energía nos conmueve y genera algo en nosotros.
La protagonista de esta historia podría llamarse sin lugar a dudas Cenicienta, ya que era la encargada de la limpieza de las oficinas donde trabajo, pero en realidad su nombre y mi homenaje es a Dora, Dorita.
Las descripciones tal vez aburran y dispersen la trama del relato, pero esta mujer se merece mínimamente y de mi parte, les entregue, al menos una fotografía mental, un soplo de lo que en algún momento fue su envase vital.
Dorita tendría hoy y digo hoy, ya que hace tres semanas su ser se transformó en sueño, cincuenta y ocho años, tenía una estatura y conformación diminuta, no medía más de un metro y cincuenta y cinco centímetros, con un peso de cincuenta kilogramos, lucía permanentemente bien arreglada con un impecable delantal azul, jamás faltaba la sombra en sus ojos, el delineado y las uñas prolijamente pintadas, (no alcanzo a comprender como hacía para mantener sus uñas de ese modo, ya que me tocó verla metiendo mano en la limpieza a diario), mantenía su pelo corto con un jopo que caía regularmente sobre sus ojos, encargándose ella misma de retirarlo a regulares intervalos, con un ligero ademán, que realzaba la dimensión de sus ojos y la franqueza de su mirada.
La primera vez que conversé con ella, más allá del saludo diario, fue a consecuencia de haberme solicitado formalmente una entrevista a través de mi secretaria, la recuerdo entrando a mi oficina, se notaba que la escena había sido practicada e imaginada en su mente incontables veces antes de atreverse a entrar,
- Discúlpeme Dr. Juan el atrevimiento, pero necesitaba hablarle, le tengo que comunicar que debo aumentar la factura por los servicios de limpieza en un 15%,
- y mire traje acá anotado lo que aumentaron los artículos de limpieza
-Y ve, acá está la factura,
 - y también a las personas que trabajan conmigo, salió un aumento del gobierno
Recién en ese instante tragó saliva, respiró y se preparaba para proseguir, a una velocidad frenética
Siguió hablando, la interrumpí,
Dije – Dorita, está bien, no tenés que convencerme de nada, yo voy al supermercado a hacer las compras y se que las cosas aumentan
Dijo- si y, también los sueldos, yo absorbí el aumento de los sueldos de los chicos, pero ya no puedo más, se da cuenta
Dije – Ya está Dorita, no hay problema, lo que planteás es lógico y está dentro de mis atribuciones poder decidir sobre ello.
Dijo – Hay Dr. Juan (suspiró aliviada) no sabe cuanto se lo agradezco, es que sino no iba a poder seguir más.
Dije – Dorita no tenés nada que agradecerme, lo que me planteas me parece correcto.
Mi relación con ella siguió como siempre, solo con el agregado de comentarios adicionales durante el saludo, pero todos ellos de forma.
Al cabo de unos años…..
Me pidió Dorita que quería tener una reunión con vos, si puede ser esta tarde- dijo mi secretaria
Que carajo le pasa, ahora ? , tengo una de kilombos –dije
Me parece que quiere renunciar- dijo mi secretaria
Bue, decile que venga esta tarde- dije
El tema de la limpieza de la oficina era minúsculo y no debía, perder demasiado tiempo en ello, en realidad, no se me ocurría porque demonios, abandonaría el trabajo, esa mujer.
Al llegar la tarde, observé como Dorita entró a mi oficina, esta vez estaba tranquila, y su lenguaje corporal mostraba síntomas de alguien que se encuentra relajado.
Cómo le va Dr. Juan, se que Adriana ya algo le comentó – dijo
Es verdad, lo que no entiendo es por qué te querés ir Dorita –dije
Sabe lo que pasa Dr. Juan, es que el Sr. Guillermo se queja permanentemente de nuestro trabajo, que mis chicos se sirven un café de la máquina expendedora, que ese café lo paga él, y ahora me dijo “a través de Adriana” que no venga más Ramón, el muchacho gordito que trabaja conmigo, por su aspecto y porque tiene un arito, Ud. se da cuenta!!!, Ud. sabe que la gente que hace este trabajo no es porque le gusta, sino porque no le queda otra, y no es fácil conseguir gente de confianza y que trabaje, además yo mucho no puedo pagarles – dijo
Pero Dorita quedate tranquila, lo de Guillermo, yo lo manejo, el es así, hay que aguantarlo porque es el dueño, pero en el fondo no es malo – le dije
Dr. Juan ud. sabe todo lo que nosotros hicimos en el momento de las reformas de la oficina, trabajamos por las noches, en la madrugada y jamás vine a reclamarle un centavo extra y sabe que lo hice por Ud-  dijo Dorita.
Bueno, Dorita, no hay problema yo quiero que sigas y Ramoncito también, me parece un buen pibe, yo lo hablo con Guillermo, y él no se va a animar a tener un problema conmigo por esto, de eso estoy seguro, quedate tranquila que, yo me encargo – le dije
Yo se lo agradezco Dr. Juan pero yo, tengo dignidad, mi empresita es muy pequeña, pero en ella, elijo a mis empleados, y con el resto de los clientes que tengo me las puedo arreglar para seguirle pagando el sueldo a mis chicos, pero no es justo que no se valore jamás lo que nosotros hacemos, recuerda cuando se olvidaron un fajo de billetes sobre un escritorio, personalmente llamé a la casa del Sr. Guillermo para avisarle, jamás faltó nada y el trabajo me parece que siempre se hizo bien, entonces que me quieran decir a quien debo contratar o a quien no, y que mis chicos se toman un café de más, me hace mal, yo se que Ud. me va a entender, Por Qué Ud. es pueblo, yo se que Ud es pueblo – me dijo
El brillo en sus ojos mostraba que sus lágrimas, estaban retenidas aun y solo lo estarían por un instante.
Puedo encender un cigarrillo – me consultó
Por supuesto Dorita, puedo hacer algo para que cambies de opinión? – le pregunté
No, pero gracias, gracias por ser pueblo y adiós – dijo
Se retiró sin dejarme ver como las lágrimas se derretían en sus mejillas.
Tomé mi portafolios, salí de la oficina y comencé a caminar rumbo a la cochera, algo había retumbado en mi interior, esa frase, cómo pudo saberlo?, Si me esforcé tanto en ocultarlo, durante tanto tiempo, hasta adopte las formas y el lenguaje de los patrones, jugué sus juegos, viví sus rutinas, escupí casi todas sus frases darwinianas, solo para escaparme, para no sentir el dolor y la desazón de la derrota. Sin embargo esa simple mujer me había desenmascarado, había llegado a lo más oculto de mi conciencia.
Subí al auto sin poder dejar de pensar, en que había fallado, seguramente algo se estaba escapando de mi control y eso no debía pasar.
Luego de transcurrido un tiempo, logré que la empresa de Dorita, realizase las tareas de desinfección, era un trabajo nocturno, las facturas y el pago estaban a mi cargo.
En cambio, no pude seguir jugando juegos, viviendo rutinas y proclamando frases gorilas, el haber sido descubierto me quitó el oprobioso peso del engaño, me permitió reencontrarme y poder comenzar a elegir, preferí arriesgarme a sentir el dolor y la desazón de la derrota, preferí sentir.
No creo que Dorita jamás haya imaginado, la influencia de sus palabras en mi persona, ni siquiera se en realidad que intentó decirme en aquella oportunidad.
Mientras estuve de vacaciones, le dejó un recado a mi secretaria, en el cual pedía disculpas por no poder seguir efectuando las tareas de desinfección, dado que no se encontraba bien de salud y los productos que se utilizan para desinfectar, podrían afectar negativamente su deteriorada salud.
Dorita estuvo internada durante un mes y en ese breve lapso, su diminuto cuerpo no alcanzó a soportar un nuevo solsticio, solo compartió un par de momentos en mi vida, los suficientes para dejar una marca imborrable, los suficientes para permitirme repensarme nuevamente.
Casi no la conocí y jamás veré siquiera su sepultura, pero a pesar de ello, se puede ver como en mis mejillas se derriten las lágrimas, esas mismas que un día ocultó de mi, al momento de entregarme su más preciado regalo, su dignidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario