martes, 4 de diciembre de 2012

Padre – Madre - Dios

Hace tanto te busco y hoy estás ahí
Escondido en las sombras de la nada
Sin voz eres solo un reflejo de mi alma
O tal vez una irrealidad que calma

Me inclino a preguntarte lo que no sabes
Y quiero contestarme algo que me convenza

Y el mar se deshace en mis ojos
Perdón, no te pude comprender
No soy lo suficientemente bueno para eso
Pocas palabras hieren y salva el recuerdo de infancia
Las risas de la pelota y los dados
Los intríngulis del ajedrez y las minas
Los gritos a destiempo y la ira
La angustia, el dolor y la muerte
Pero ante todo el miedo

Algo hace que igual te busque
Queriendo encontrar la espaldadera que me sostenga
O intentando hallar las causas de mi origen
Tal vez preservando a ese pequeño diablillo gris que te expulsa
Vuelo enredador de la luz, soy una polilla gastada

Hace tanto te busco y hoy estás ahí
Escondido en las sombras de la nada
Sin voz eres solo un reflejo de mi alma
O tal vez una irrealidad que calma

Solo te miento la verdad

Los círculos se abren
mi nada está pronta a ser
La luz brilla y tirito fuerte
Ahora que soy un espejismo
tu sol también es mi luna.

Solo te miento la verdad,
y es para que no sufras.

Te abrazó el dulce sueño del peyote
que solo es un sueño deseado.
Mandala, resurrección hedonista
Transmutación del alma.

Solo te miento la verdad
Y es para que no sufras.

La mar me espera
y cómo no me va a esperar?
Tus ojos los estigmas de Cristo
Y si, ya está y estás muerto

Solo te miento la verdad
Y es para que no sufras.

El alba acaricia la noche
el sol se desangra y te da alas
ya eres la luz resucitada
amando al arcángel de la penumbra.

Solo te miento la verdad
Y es para que no sufras.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Paraiso


Argentina 19 de Abril de…. en realidad fecha y lugar poco importan, daría exactamente lo mismo Singapur, Galicia o Turkmenistán, en cuanto a la fecha, en este preciso instante, ha dejado de ser importante. La historia que aquí paso a relatar, “a sabiendas que pudiera vociferarla, callarla o pensarla en la certeza que tendría la misma repercusión, que no hacerlo”…. tozudamente la escribo, sin creer en su utilidad, es más olvidé el sentido de la utilidad de las cosas y las promesas.

En algún momento nací, producto del error, no se bien de quién y culpable de no se cuantos males y es precisamente por ello que tengo un nombre y por esa fortuna conozco el lenguaje de los hombres, fui Juan, y digo fui, como si el ser estuviese relacionado con la profesión, Gerente de Compras en una Compañía Internacional dedicada a la explotación del Turismo de Aventura, a consecuencia de ello tuve que realizar de urgencia un viaje al medio de la Patagonia, casi límite con Chile, donde se vendía una espectacular finca de casi 1.500 hectáreas ideales para cerrar un circuito turístico en el sur del país y poder ampliar la oferta de viajes a los impacientes turistas brasileños, ya que los gallegos y el resto de los europeos estarían por un largo tiempo ausentes de esta comarca, producto de la aguda recesión en que se hallaba Europa luego de la crisis financiera desatada en Grecia, cuando el pueblo griego, intentó vivir dignamente no siendo tolerable semejante ilusión para el poder financiero reinante en la Tierra.

Tomé un vuelo rumbo a Esquel y una vez descendido de los cielos, me contacté con René un agente de bienes raíces con quien habíamos llevado a cabo excelentes negocios en otras oportunidades, renté una bonita camioneta 4 x 4 para la travesía, no sin antes percatarme estuviese equipada con cadenas para la nieve, maletín de primeros auxilios, tres cubiertas de repuesto, agua y comida suficientes por si surgía algún imprevisto en la travesía, y salimos “ a la aventura” si es que había alguna “ aventura” posible ya pasada más de una década del siglo XXI.

Mi compañero de viaje, era un excelente anfitrión, había recibido en sus genes la hospitalidad de los pueblos originarios amalgamada con el instinto mecánico, persistente y arrollador de los pueblos de la Europa Central, conocía a todos en su mundo y todos lo apreciaban.
Los neumáticos se deshacían como nuestra vida en el camino, adaptándose a las irregularidades propias de una ruta alejada de los centros urbanos, tejiendo paisajes entre el espejo retrovisor y el horizonte, ansioso que descubramos su amanecer o su ocaso, pero  manteniéndose oculto a nuestros ojos, detrás de la interminable montaña.
Los comentarios futboleros dejaron paso a la charla sobre mujeres, el relato fabulesco de mis hazañas no impresionó demasiado a René, quien con paciencia y tolerancia escuchó mis fantásticos relatos sin interrumpir e incluso alentándome en lo que yo ya me había convencido era cierto, situación que en ese momento me llevó a pensar si era medio boludo o demasiado obsecuente.
El asfalto le cedió paso al pedregullo hasta depositarnos luego de atravesar un arroyo poco caudaloso en un camino que a mí entender era intransitable.
René, déjate de joder, este es el único sendero posible? – dije frunciendo el ceño
No sea flojo, porteño – me replicó, al tiempo que mis mejillas se encendían en una mezcla de vergüenza y bronca.
No es por ser flojo, pero si se rompe la camioneta el seguro te lo descuento de tu comisión, te queda claro, no!!
Transitamos el sendero por unos 40 kilómetros y en un paraje en el cual ni siquiera obtenía señal mi teléfono satelital, la bendita camioneta gritó con sus 16 válvulas al unísono basta!!! A caminar!!! Debía ser yo una de las pocas personas en la tierra que odiaba al buen René.
Mi mal humor se fue desvaneciendo ante un imponente paisaje, en un momento estuve tentado en sugerirle si el sendero había sido recorrido alguna vez por el hombre, cuando quedó visible al costado del camino una vieja botella de Coca-Cola, me reí solo ante la desconcertada mirada de mi compañero, a quien se notaba no le agradaban estos repentinos cambios en mi estado de ánimo.

Hasta aquí ningún acontecimiento digno de destacarse, más allá de algunos percances absolutamente posibles, pero en un segundo, René quien caminaba adelante mío a no más de metro o metro y medio desapareció, se evaporó, solo quedó en su lugar su ropa y mochila, junto con mi espanto.
Intentar transmitir que sentí en ese instante, me es francamente imposible, lo que encuentro más cercano a ello es una sensación de angustia, desesperación, confusión, pánico e incredulidad, todo unido indisolublemente y en simultáneo.
Me encontraba solo en medio de un paraíso natural, sin atinar a hacer nada, sin entender. Mi capacidad de razonamiento se encontraba en los umbrales del desatino permanente, instantáneamente busqué mi teléfono satelital, pero el mismo no se encontraba en mi bolsillo, pero lo que es peor, tampoco encontraba mi bolsillo, mis ropas, ni mi cuerpo.
Todo mi ser había dejado de ser visible, grité y lloré pero no me escuché y las lágrimas jamás escaparon de unos ojos inexistentes, quise desmayarme y no me fue posible, cuando mi mente o no se qué, se dejo de dar tumbos intenté pellizcarme para abandonar la pesadilla, sin embargo no tenía que pellizcar y esto no era un sueño, era real, el cielo y la tierra que me rodeaban también eran reales……casi sin darme cuenta todo mi entorno, texturas y colores, se volvieron uno e infinitos, el arriba y abajo dejó de tener sentido, creo comprendí o mejor dicho encontré las preguntas, todas las preguntas.   

Un rayo explotó en mi pecho, era un médico manipulando un desfibrilador, comencé en ese momento a sentir nuevamente mi cuerpo, pero no fue igual, todo parecía igual pero era distinto. Sentí el acontecer de cada una de mis células y pude interpretar su flujo continuo, armonioso y caótico a la vez, experimenté cada nacimiento y muerte en simultáneo. Mis ojos veían, escuchaban y sentían, las imágenes contenían una multiplicidad de sensaciones, el suero que ingresaba en mis venas se comunicaba con mí ser, mi entorno y yo dejamos de estar separados.

Al joven médico con las paletas del aparato en las manos, se le dibujó una extensa sonrisa en el rostro y pude comprender que era lo que le sucedía y como su energía se relacionaba conmigo, entendí completamente todo aquello que pensaba, sin que me dirigiese la palabra, es más supe que no me hablaba ya que lo único que el galeno llegaba a percibir de mi estado, era que había abierto los ojos, pero el electroencefalograma mostraba una línea plana reflejando la nula actividad cerebral, hecho que le generaba un cosquilleo en el estómago, como si estuviese en presencia de un apasionante descubrimiento científico, inmediatamente supe que pensaba de mi.

Mi mente, aunque realmente no puedo afirmar, sea mi mente, podría ser más acertado hablar de mi ser, digería todo lo acontecido en el pasado, todas y cada una de las situaciones vividas y ya no solo desde la percepción individual sino desde un entendimiento colectivo, es más, debería generar algún nuevo signo linguístico, con significado y significante, para lograr que alguien pudiese entender lo que trato de expresar.

René no pudo soportar el trance, como es regla y por lo tanto no azaroso, los mejores no son capaces de formularse algunas preguntas, ya que al contestarlas eligen sin dudar un camino moral, que va en un solo sentido.

Hoy me sumergí en el ordenador de un escritor y escribí estas palabras, a sabiendas que tú que estas leyéndolas, vas a pensar esto es un mero invento sin sentido, una locura de alguien gastando su tiempo, todo aquello que estas experimentando lo conozco, como también las razones por las cuales intentarás rebatir cada uno de los argumentos que no te parezcan científicos, como ya te expliqué formo parte de tu ser, como tú formas parte del mío, conozco los acontecimientos pasados y futuros, por lo tanto comprendo la socarrona burla que se despierta en tu mente al leer estas palabras, como todos los demás sentimientos desplegados en tu existencia, pero como conozco todo ello, también sé que hay alguien elegido para leer el mapa, quien podrá decodificar cada una de las huellas, alguien capaz de adaptarse mejor a los cambios, que evolucione entendiendo que no existe final, dado que nunca hubo un principio.

martes, 20 de marzo de 2012

Un día Cualquiera

Mañana nublada, café con leche, tostadas, mermelada light, besar mejillas y decir adiós, en la convicción que será un hasta luego.

Caminar sin sentir mirar y no ver, cielo, pájaros, escuchar sin oír más que el motor del bus  aproximándose a la bocacalle, subir pagar el viaje aprisionarse contactarse con los otros forzadamente, casi repugnantemente.

Ver caer agua del cielo, caminar y protegerse en los aleros, chocarse y maldecirse con los otros.

La computadora, la vincha telefónica, los clientes, el almuerzo tupperware y luego más vincha, más clientes, intentar dialogar sin sentir, solucionar problemas que no son problemas, mentir, estafar a los otros.

Observar el viento aniquilar  las nubes y dejar solo agua escondida bajo las aceras rotas, agua y tierra, barro salpicado en los pantalones.

Entender que es tarde y el sol se ha dejado morir.

Experimentar que el bus es un arca de Noe, repleta de especímenes humanos naufragados, contagiados, escuchar comunicaciones por celular, sentir que no se escuchan ni hablan y menos se escriben, ver echar sonrisas cómplices al éter, al otro, quien tampoco les quiere escuchar, solo hablar.

La casa, los hijos, la cena, las preguntas, el informativo y la crónica de esas muertes cotidianas abstractas de acá de allá de cualquier lado, de los otros, el beso de las buenas noches y dormir.

Cerrar los ojos y experimentar la muerte, no ya la de los otros, sino la de uno mismo. 

lunes, 19 de marzo de 2012

El Origen

Era el momento soñado, un instante de tiempo presentido en incontables oportunidades, imaginado o tal vez intuído en la certeza de su poder para convertirse en real y  gracias a cuyo anhelo conseguí afrontar con esperanza cada uno de los intentos suicidas que pasaban por mi mente en aquellos años.

La escena estaba lista, la supernova gestándose, la encontré. El cúmulo de sensaciones y efectos fue tal y tan abrumadoramente impactante, que la absorbí y así se introdujo sin más en mi ser, en lo más vasto y recondito, para permanecer inconciente y a la vez darme conciencia de la dependencia que su existencia genera, la soñé con los ojos abiertos, y fue justo allí cuando su aura se ensambló a mi alma instantánea y frugalmente.

Sin saber cómo pero sabiendo porqué, la acompañé a casa de sus padres y fue un caminar hablado con palabras vacías, gestos y miradas que se encontraban en la certeza de haber compartido el antes y el después de la vida.

Se transformó ese en el instante, el punto de partida y de llegada, la parábola del tiempo ya trazada, no sé cuándo, ni dónde, pero el azar había unido aquello que nada puede disolver, eso que va rotando de mundo en mundo, de universo en universo, asumiendo que es origen y desenlace, permitiéndonos la ilusión inconsciente de eternidad.

Mis labios rozaron apenas los suyos, humedad, sorpresa, desequilibrio, augurio, deseo.

Nuestra esencia humana, el tiempo de la conciencia, la rutina, conspiran, atacan, intentan avasallar sin entender, que la maldad podrá extinguirnos, pero el sentimiento encendido esa noche no tendrá fin jamás, y es el que nos permite tener un atisbo de fe en el futuro. 

Es, fue y será, esto y solo esto, amor.

jueves, 8 de marzo de 2012

El sátiro de la bicicleta

Carla Priscianic, psiquiatra, cuarenta años, altanera, rubia, obsesiva, exquisita en sus facciones y dotada de una inteligencia singular, colgó el auricular del teléfono. Instruyó a su secretaria para que agende una cita con un nuevo paciente dentro de una hora, y también se comunique con la producción del noticiero de canal Verdad, para postergar, la entrevista que iban a realizarle, a consecuencia de obtener su opinión y consejo a la ciudadanía, a fin de llevarle calma, ya que por esos día el accionar impiadoso del sátiro de la bicicleta, había transformado el devenir cotidiano de la ciudad.
Viky una vez que termines con eso, podés irte a tu casa  – Ordenó a su secretaria.
Pero Doctora, no necesita que le haga la ficha de ingreso al paciente nuevo – Respondió extrañada Victoria
No me oíste bien – Recalcó, con su típico tono mezcla de soberbia y burla arrogante.
Si, Doctora, gracias.
Al tiempo, Victoria, tomó sus pertenencias, observó detenidamente la fotografía en la pared de Sigmund Freud y pensó “A esta loca de mierda, ni siquiera vos Sigmund, le encontrarías remedio”.
Hasta el martes, doctora – Exclamó antes de cerrar la puerta del consultorio, sin esperar contestación, ya que en cinco años de trabajo, jamás la obtuvo.
En la planta baja observó una bicicleta atada con cadena y candado.
Sonó el timbre del cuarto piso, Carla observó por la mirilla, abrió la puerta y extendió su mano con un …. -Buenas Tardes, soy la Dra. Priscianic, adelante
-Mi nombre es Carlos Maciel – recibió como respuesta, su instinto le indicada que el nombre o el apellido eran falsos.
-Bueno, tome asiento o recuéstese, como guste y cuénteme, qué lo trae por acá, quién lo derivó a que mantuviese una consulta conmigo, el latiguillo se desprendió de sus labios sin esfuerzo, estaba grabado a fuego en su mente, a fuerza de ver paciente, tras paciente, día tras día y año tras año.
- Lo que me trae por aquí, debería decírmelo Ud. Dra. y en cuanto a la derivación, provino de los conceptos que vertió en el programa de Susana Giménez, acerca del sátiro de la bicicleta.
Carla se tomó un segundo para pensar, le desagradó la forma en que Carlos comenzó a tratarla, como queriendo imponerse sobre su investidura y le dijo, en el tono más neutro que pudo lograr,
-         Bien, cuénteme entonces, qué le llamó la atención de mis conceptos?
-         Vea, la frase fue así,( hablando del sátiro de la bicicleta) “En él prima más el poder que el sexo, y cualquier resistencia que tenga que vencer le estimula en su patología cada vez más y más, en la búsqueda insaciable de un placer que no llega” dijo Carlos, haciendo halago a su memoria.
-         En realidad me cuesta relacionar, los conceptos que volqué en mi charla, con su visita, (Sintiéndose nuevamente dominadora de la situación y comenzando a analizar más en profundidad el perfil fisonómico de Carlos, ya que pudo adivinar el bigote y barba que llevaba, eran postizos.) si Ud. caballero desea abonarme una consulta para debatir aspectos psicológicos de un agresor sexual, pues bien, lo haremos, al fin y al cabo con ello me gano la vida.
-         No, yo soy el sátiro de la bicicleta!!! Gritó Carlos
-          Y he venido por tí.!!! Los ojos de Carlos al igual que su rostro se habían transformado súbitamente adquiriendo un matiz realmente escalofriante, tanto que podría haber sido el modelo en quién se inspiró Robert Luis Stevenson para crear su obra cumbre.
La sonrisa burlona que esbozó Carla en un primer instante, fue dejando paso a una absurda mueca de horror, al notar, que se encontraba ante el mismísimo Mr. Hyde, ese hombre que se paraba delante suyo, sin duda alguna no era el mismo al que le abrió la puerta, algo en él había cambiado, desde lo profundo de su ser habían resucitado sus demonios, había liberado ya no sus instintos, sino sus perversiones más profundamente encarceladas.
Se arrepintió de haber dejado salir antes a Victoria.
-         Ahora vas a ver, putita, quién es el que manda!!!! gritó Carlos (esgrimiendo una navaja que se encontraba entre sus ropas)
Carla intentó defenderse, no pudo aplicar técnicas y conocimientos aprendidos, se encontró sometida, recibió un duro castigo, cuando recordó lo que ella misma había dicho en el programa televisivo, ya se encontraba amordazada y con las ropas destrozadas, siendo abusada una y otra vez, salvajemente, sin darle respiro alguno, quedó semidesmayada sobre el diván resoplando, en una combinación inaudita de éxtasis, dolor y descontrol.
Todo se había salido de cauces, como nunca, había perdido el control de la situación, aun no podía pensar claramente.
Carlos le atestó una fuerte palmada en el trasero y se marchó rápidamente tomando el ascensor.
Intentó recordar las partes de su cuerpo, para volverlo a ensamblar, su mente alucinada, le entregaba sensaciones indescifrables, toda su estructura se desmembró.
Luego de un buen rato se incorporó como pudo, sujetó a medias sus ropas hechas jirones, se movió aturdida, tambaleándose, solo pudo atinar a dirigirse hacia el baño, ya entrada un poco más en sí misma, al hacerlo observó como estaba caído un portarretrato en la mesa de arrime, lo levantó y pudo observarse en su noche de bodas, se la veía joven, alegre vibrante, encajada en un hermoso vestido blanco y a Carlos, en un esmoquin, con mucho más pelo y menos kilos.
Encendió un cigarrillo pensando, las cosas que hay que hacer para mantener vivo el fuego.


viernes, 17 de febrero de 2012

Un macho ALFA

Lucía impecable, saco Armani, rolex de oro en la pulsera izquierda, bronceado caribeño, sonrisa Colgate, sin embargo, la circundaba tembloroso, se embriagaba con cada una de sus curvas, sus pupilas se dilataban ante cada detalle, el dedo índice la rozaba sutilmente, sintió como la boca se inundaba en saliva, al igual que si estuviese ante un manjar exquisito, pero de pronto, comenzó a sentirse un poco incómodo, notando que sus pantalones se despegaban un tanto de su cuerpo, no quería demostrar tan fácilmente su excitación, el era un auténtico macho alfa en condiciones de dominar todo a su entorno.

-Puedo?? “En realidad, si preguntó, fue únicamente para parecer educado y amable, las apariencias siempre eran importantes, él diría, más que importantes, fundamentales en la vida!!”.
-Por supuesto … Recibió inmediatamente como respuesta.
Sus delicadas manos se introdujeron lentas, titubeantes, en una combinación de sapiencia y descubrimiento.

Presionó suavemente el click y se abrió la puerta, era una coupe Porsche Carrera GT, se sentó al volante e instintivamente acaricio la palanca de cambios, “ o como mejor les guste llamarla”.
-La puedo encender? consultó al vendedor.
-Ud., sin duda alguna, le contesto con su aflautada voz, el joven.
La encendió y lo sintió, era él y por lo tanto debía ser para él.
Se sentaron a hablar de números, la coupe costaba la friolera de 350.000 dólares.
Él sabía que tenía que hacer, para conseguir el dinero que le faltaba.

A las 48 horas estaba nuevamente en la agencia de autos, dispuesto a llevarse su vehículo, casi soñando, como se complementaría con todo su magnífico ser y como quedaría atónito el resto del universo al observarlo.
Se subió al auto, no sin antes recibir un efusivo beso por parte del vendedor, quien negoció para él un importante descuento con el dueño de la Agencia y también un agudo dolor al sentarse en la butaca y recordar el “rostro” del gerente del Banco al concederle el préstamo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Ya somos Nosotros

No era mañana, mediodía ni tarde, pero era de día. El espejo bramaba, intolerante, desconfiado, incrédulo porque ya no la veía. La luz, la inundaba completamente, qué sentía?, algo, nada, todo.
Un horizonte completamente nuevo y completo, envolvía sus huesos. Los recuerdos borrosos en la mente y el cuerpo se desarmaban. El todo y la nada en su conjunción aparecían ante esa niña esmirriada, flagelada, escondida de si misma, asustada por su huida.
Las barbies prolijamente ordenadas, peinadas, vestidas y maquilladas con ardua parsimonia, reían y se animaban poco a poco a desentumecerse, a abandonar el estereotipo.
La foto de los quince colgada en la pared, dos valses, dos padres, una madre y un par de hermanos que no son hermanos.
Los rumores se agolpan y galopan entre ensueños, las risas olvidadas de momento se incorporan y amagan con transformarse en llantos, una metamorfosis sufrida a diario por su alma.
La computadora encendida, era la voz de los sin voz.
La alfombra el eterno arrullo, amalgama de cielo y tierra, donde cobijarse y liberarse, es lo mismo que amarse y odiarse en simultáneo.

Las estridencias acompasadas, a destiempo el dolor de madre, los golpes, la inyección de adrenalina y el ensañamiento en quedarnos con algo que no es nuestro, con algo que ha sido enteramente suyo, que ya no conoce de esperanzas, las más de las veces vanas, pero esperanzas que se han ido consumiendo al spiedo.
Todos somos parte de todo y nadie esta a salvo de la nada, que también es todo, fluyendo en círculos rectangulares, concéntricos y descentrados.

El azar que rige el universo, fue más que Hipócrates, sus seguidores de juramento blasfemo, la niña abrió sus ojos, capturó la escena, no pudo hacer más que hablar, no había otra forma en que los presentes pudiesen entender su pasado, Dejadme que ya no soy Yo, ya somos nosotros.

El brillo se extinguió, el dolor se apoderó de todo, pero la vida continuó y continuará por siempre.

miércoles, 25 de enero de 2012

El Chacal

Me senté con cuidado, abrí el libro y bostecé. Derivadas e integrales apuñalaban mi alma.
A pesar de ello y por más que no guste, había que seguir, saqué la lapicera, los cuadernos y comencé con la ingrata tarea de resolver ecuaciones, hallar límites, dibujar funciones en las hojas, intentando en vano convencer a mi mente, que todos los fenómenos naturales son descifrables.
A poco de comenzar mis sentidos volaron hacia otros rumbos, como no podía ser de otro modo.
Me detuve en la pintura de Manuel Belgrano, situada en una posición destacada de la biblioteca silenciosa de la Facultad de Ciencias Económicas, para aquellos que no la conocen, dicha biblioteca se encuentra ubicada sobre la morgue Municipal de Buenos Aires.
Él me miraba, es más creo que me hablaba, sin embargo en ese entonces no tenía tan afinado el oído como para escucharlo, solo imaginaba que pensaría ese hombre de nosotros, si viviese en la Argentina de 1994, entregaría nuevamente su vida a una causa, dejaría de lado honores, dinero, se expondría a la humillación, al morir abandonado y solo, cuando dió absolutamente todo por sus semejantes, por nuestros sueños?
Un grito me trajo devuelta al mundo de los mortales, fue lo más desgarrador que había escuchado en mi vida,(deseo profundamente que ningún ser humano se vea obligado a oírlo jamás), mi corazón latía asustado, mis ojos se treparon por la ventana, mis oídos sangraban.
En el patio de la morgue, una mujer o los restos de lo que fue una mujer, había reconocido el cadáver de su hijo adolescente.
Miré desesperado a mi alrededor, necesitaba alguien con quién llorar, sin embargo todos mis compañeros habían vuelto a sus libros de Economía y Finanzas, se encontraban absortos en ellos mismos, no había espacio para nadie más.
No pude evitar la profunda angustia, la imposibilidad de comprender la muerte joven, aquella que es antinatural, esa que trunca el sueño del poder ser, de conocer el amor, de ser parte del ocaso del día, esa puta muerte que no deja sobrevivir a los hijos, esos que todavía no han nacido.
Las fórmulas escritas en mi cuaderno se borroneaban, la tinta de mi lapicera no era a prueba de lágrimas. Guardé todas mis cosas en la mochila, arrojé un último vistazo a mis compañeros, quise verlos, sentirlos y sentirme capaz de dar todo por ellos.
Abrí la puerta y la cerré con bronca…. casi con resignación.
Él subía la escalera, traía esa estúpida y amorfa media sonrisa, tenía estampado el lunar en la mejilla, el odio envolvió mis tripas, era increíble verlo tan cerca, luego de haber traicionado y mandado al muere a tantos compañeros.
Caminaba como si nada, su tarea en el subsuelo estaba concluida, ahora se sentaría en la biblioteca a leer Economía y Finanzas. En ese instante Mario Eduardo Firmenich abrió la puerta de la biblioteca y se sentó en el mismo banco que yo había usado, ninguno de los presentes lo reconoció, Manuel Belgrano si y su retrato también lloró.

miércoles, 18 de enero de 2012

20 Minutos

No sé muy bien por qué, los pequeños y escondidos bares cercanos a las estaciones de tren, me subyugan, y esa atracción se transforma en irresistible, es tentación en su estado puro. La vida de los personajes que los frecuentan, en un instante absoluto de tiempo, me genera un incontrolable deseo de conocerlos y capturar ese momento de su existencia,  y  también, de la mía.
El sol transportado a lomo de nube, ya casi había alcanzado el cenit, y aún me quedaban alrededor de veinte minutos antes de acudir a una cita de negocios, excusa ideal para beber una copa en algún bar.
Caminé animadamente esperando encontrar ese sitio donde aparcarme, los primeros  que observé, tenían una impronta modernosa, descarnadamente limpia, pulcra e iluminada, sus mesas y sillas estándar, apuntaban directamente a los televisores de plasma ubicados en las paredes. Los parroquianos se mantenían desinformados, escudriñándolos a intervalos fijos de tiempo, adentrándose en el mundo de “todas las noticias”, observando una realidad dibujada grotescamente, por un pintor obediente, que ha mostrado aquello, que la gerencia de noticias le indica, debe mostrar.
Unos pasos delante observé el cartel que decía “ Hoy Rabioles Caseros”, cuando leí Rabioles en lugar de Ravioles, tuve el convencimiento que este era “ el lugar ”, en el cual debían transcurrir mis próximos veinte minutos.
Me aproximé a una mesa y lentamente fui quitándome el saco, intenté colgarlo en la silla, pero era demasiado baja con lo cual el fondo de mi chaqueta, tocaba el suelo, cuyas condiciones de higiene no eran las mejores, decidí inmediatamente doblarla y colocarla sobre la silla contigua.
El dueño-mozo, no tardó en acercarse
-         Buen día -dijo
-         Buen día, me traes un agua saborizada de manzana- dije
-         Como no, señor- dijo el dueño-mozo
Retiró una botella de la heladera y la “limpió” con un trapo rejilla, tomó de la vasera un nautilus de 270 cc., repitió la maniobra, sintiéndose orgulloso de su tarea, al ver que mi mirada lo seguía atentamente, sin imaginar el profundo desagrado que causaba en mí, tener que apoyar mis labios en el mismo sitio por el cual había pasado la mugrosa rejilla, era éste el sacrificio a realizar, por introducirme en un mundo tan mágico y tan trágico, cuya asonancia es perfecta.
-         Aquí tiene, Señor –dijo el dueño-mozo
-         Gracias – le dije
Tomé con cuidado una servilleta de papel, y disimulada pero velozmente aseé el borde del vaso, estrujándola con mi mano, procurando no ser visto por el dueño-mozo, no quería causarle la impresión de ser un flojo.
Serví el vaso hasta la mitad, y solo bebí un par de tragos.
Me dediqué a observar la vida, intentando comprender cuál es el mecanismo, por el cual un tipo, coloca un traje de más de mil dólares en la silla de un bar mugroso, quebrando esa imaginaria barrera que lo une y a la vez lo separa con ese mundo.
Delante de mí, un espejo, intentando ocultar una mancha de humedad, y en él apareció esa mujer.
El tiempo dejó de transcurrir y fue todo Ella. Entraba al bar, meciéndose desequilibradamente a cada paso, traía puesto un antiguo abrigo, que en algún tiempo fue confeccionado en piel natural.
Supuse en ese momento la anciana estaba algo ebria, dado que su andar era sumamente torpe, y solo esforzadamente, logró tomar asiento a dos mesas de la mía, justo en la entrada del baño de caballeros.  
Su perfil mostraba el cansancio, la angustia y el desamparo.
Mi buen dueño-mozo se le acercó y le dijo –un café con leche y medialunas ?
Ella contestó con un cabeceo apenas perceptible, aprobando el menú.
La ví introducir, una medialuna, largamente en el café con leche, para luego esconderla dentro de su boca, ya desecha, al igual que su dentadura, esa misma que en otros tiempos se agitaba, abriéndose y cerrándose a carcajadas, deslumbrando con la belleza de sus labios y el interior de esa grieta deseosa y deseable.
Supe, que su vida actual y presumiblemente su vida pasada, transcurría en los límites de la marginalidad.
Resultaba imposible no soñarla, completa o a medias, dado que desde mi posición solo veía su perfil.
Es un buen lugar del cual partir para pensar en su historia, observando su presente, el cual arroja algunos destellos de glorias pasadas, de momentos imborrables y también, recuerdos que apuñalan el alma, como el de aquel hijo que ni bien vació su vientre, entregó a su suerte o el de quién la hizo levitar, para luego arrojarla en el abismo penumbroso de su existencia.
Ese tapado de pieles y su condición harapienta, ocultaba sin dudas un pasado cuasi-glorioso, su juventud seguro estuvo rodeada de admiradores, y tal vez el tapado, fuese el regalo o el pago, de algún antiguo amante, tan viejo y raído como esa piel de visón.  
Ella seguramente lo recordaría y esos, u otros recuerdos, son los del despertar y se transformaron en  la ilusión, pequeña, diminuta y difusa, que la acompaña cada noche, al sumergirse en la oscuridad.
La anciana comenzó a explorar su pequeña y desvencijada cartera, extrayendo no sin dificultad un objeto redondo de unos ocho centímetros de diámetro, lo sostenía tensamente en sus manos, sin dejarme observarlo, pensé, es un pastillero del cual obtendrá algún elixir que le permita soportar sus días. La vi sosteniéndolo con firmeza en su mano derecha y con la izquierda intentar abrirlo presurosa, el objeto escapó de su diestra y fue a dar al piso, cuando escuché el ruido descubrí que era un espejo, el cual yacía despedazado en el suelo, intentó en vano agacharse a buscarlo, el dueño-mozo, se acerco raudo y le entregó los restos, ella le agradeció en silencio, y procuró encontrar vaya a saber que explicación girando su cuerpo sobre la silla y sondeando la calle.
En ese segundo pude ver su otra mitad, una cicatriz unía su ojo izquierdo con su labio superior, el ojo estaba vacío, nunca más vería el horror, ni tampoco la vida, entendí entonces su andar tortuoso y desequilibrado.
También comprendí la ansiedad antes de abrir ese espejo, la esperanza en que el reflejo fuese distinto, que fuese el pasado.
Su lado oscuro nuevamente apuntó hacia el baño de caballeros, transformándose en invisible a mis ojos, siguió alimentándose serena y calmadamente.
Dejé de verla e imaginarla, en la certeza, que los próximos serán, solo, tan solo, siete años de mala suerte.-

martes, 10 de enero de 2012

Que tendrá, el petiso?

Escasas son las oportunidades que tenemos en la vida, en las cuales podemos ser testigos de acontecimientos o hechos extraordinarios, mejor que testigos diría espectadores, con la chance de contemplar una de esas maravillas que habitan nuestro mundo y que arrojan por tierra con ese viejo dicho “la perfección no es posible”, si ustedes la viesen… una vez vueltos del estupor que les causaría, afirmarían todos al unísono, que están en presencia de una deidad.
La mayoría de los mortales solo tienen ocasión de cruzarse con ella solo unos instantes de su existencia y en ese mágico e inolvidable segundo, desviarán la atención a todo aquello que estaban haciendo, para posar la mirada en su deslumbrante humanidad, yo en cambio comparto con ella, ocho horas diarias, de contemplación extasiada y también de angustia y desesperación, esa que agrieta el alma y me condena a no ser más que su colega en el empleo.
Pero lo que aquí paso a contarles, es mucho más inaudito todavía.
Mañana de lunes, subo el ascensor y los veo, ella y el petiso Gonzalez, tomados de la mano!!!, dándose un beso en la boca al entrar en la oficina!!!, y ahí delante de ellos, yo, cómo si nada!, cómo si no existiese para ella, la rabia me subió hasta los dientes y mis ojos lanzaban rayos al igual que animé japonés.
Organicé con Joaquín, el Ruso y Cachito una reunión urgentísima en el baño de la oficina, todos asistieron presurosos, no podían creer lo que acababa de contarles, si hasta Cachito amagó con cortarse las tarlipes, justo él, al que no se le resiste ninguna mina, ninguna, excepto ella.
Nos pusimos rápidamente de acuerdo, tendríamos que resolver el misterio, ese por el cual un petiso fulero como Gonzalez pudo alzarse con una belleza tal como ella, para lo cual Joaquín revisaría todos los antecedentes financieros del susodicho y su familia, a los efectos de rastrear alguna fortuna escondida, si la había, tendría que estar muy oculta ya que el petiso se vestía de lo más común y llegaba a la oficina en subterráneo. Cachito aprovechando “la excelente relación” que tenía con la jefa de personal, revisaría los test psicológicos que le efectuaron al petiso y a ella al ingresar a la empresa. A mí me toco la tarea más ingrata, quise rechazarla, pero fue en vano, ya estaban las pesquisas asignadas y la última, la más delicada y desagradable, era para mi persona, si existe algo llamado suerte, de eso no ligué ni un poquito, yo debía revisar el miembro del petiso, buscando en su tamaño, la razón de su éxito.
Debíamos reunirnos con los resultados en el café de la esquina a la salida del trabajo.
Mi mente no paraba de pensar e imaginar la forma en la cual pudiese cumplir con mi parte, todo ello sin despertar sospechas, comencé a enumerar las opciones 1) Observar detenidamente al petiso, para corroborar si a simple vista, el bulto en sus pantalones me sacaba de dudas, 2) Hacerme el distraído y mirar de reojo al petiso, en el momento de orinar y por último, 3) Si ninguna de las dos anteriores funcionaba, preguntarle al petiso directamente.
Comencé con mi indagación, tenía el presentimiento que esto no iba a funcionar, pero no me quedó otra opción que hacerlo, le clavé la mirada a la bragueta del petiso, intentando descubrir algo allí, hay veces en las que exagero un poco en mis obligaciones, tanto que al rato me llamó Cachito para decirme que su secretaria pensaba que me había hecho puto, ya que no le quitaba la vista de encima a los atributos de Gonzalez, deseché entonces la fase uno, era lo único que me faltaba, ella enamorada del petiso y yo convertido en homosexual.
Esperé pacientemente que el petiso fuese al baño, y ahí me mande detrás de él, me miraba desconfiado, ocupé el mingitorio contiguo al que estaba utilizando, y le arrojé un par de miradas por sobre el mármol divisorio, se encargo de ocultarse y cuando procuré darle el último vistazo…
Che, que carajo te pasa – Me dijo
Nada, Gonzalez, no te persigas viejo – Le respondí
Que nada, ya anda diciendo Dorita que me miras el bulto y ahora me espiás en el baño, quiero que sepas que a mi me gustan las minas eh!!, te queda claro – Me contestó, haciéndose el guapo.
Estás en pedo, enano, hacete atender, acomplejado!! –Dije mientras apretaba el botón, y salía raudamente del baño, pensando que podría bajarle todos los dientes de una trompada, a ese enano de mierda, aunque sabía que haciéndolo, ella no me lo perdonaría jamás.
Como se darán cuenta la opción tres quedó descartada de plano.
Se acercaba la hora de reunirme con los muchachos en el bar, y yo todavía con el pescado sin vender, se me ocurrió desmayarme y que me retiren en ambulancia de la oficina, o escaparme del trabajo, renunciar… ah!! Esto no, dejaría de verla.
Llegué al encuentro quince minutos tarde, que fueron aprovechados por  Joaquín para poner al tanto a los demás que Gonzalez, era tan seco, como cualquiera de nosotros, su familia tampoco tenía donde caerse muerta, con eso descartamos la fortuna como causa.
Cachito quién no ahorró detalles, acerca de todas las poses a las que se vio sometido, para que la Jefa de Personal le entregue los legajos, nos leyó detenidamente los informes, ambos eran intachables, tenían menos Edipo que Adán.
Cuando me senté a la mesa acaparé todas las miradas, también alguna que otra burla ya que Cachito no dejó pasar inadvertido el comentario de su Secretaria, con lo cual fui objeto de una corta chanza, en realidad todos estaban desesperados por escuchar mi testimonio.
Tosí, como no podía ser de otra manera y comencé a hablar pausado y con calma.
Muchachos, sepan todos ustedes que la parte del trato que me tocó, ha sido la más ingrata y me parece lo menos que Uds. deberían hacer, sobre todo vos Cachito, es aclarar las cosas con Dorita, eso antes que nada – dije
Bueno, dale boludo, contá – replicó insistente Cachito
Está bien, que quede claro lo que voy a decirles, el petiso tiene un pedazo, como para quedar grabado en los anales de la historia de la humanidad – Dije; y escuché el silencio. Desde ese momento y cada vez que vemos pasar a Gonzalez, solo por supuesto, alguno de nosotros le grita ¡Grande Gonzalez!!, y luego se escucha un cerrado aplauso, a lo que el petiso nos mira asombrado sin entender bien que joda le estamos haciendo.
Una vez develado el misterio, todos contentos y cada cual a lo suyo.
Todos menos yo, aún sigo buscando las razones, por las cuales ella se enamoró de ese petiso infame y no de mí.

jueves, 5 de enero de 2012

Grisel

Qué sería de mí sin tu mirada
cómo viviría el día si no estás
todo sería eterno y no habría nada,
nada más que lluvia en la tempestad.

Que difícil es amarte y no poseerte,
libélula ardiente de la libertad.
Tu sangre es un desierto verde,
de tu vientre vi parir mi eternidad.

No se si será tu poción en las mañanas,
el sentir tu aire al despertar,
o el entregarme mansamente a tu membrana
 lo que me permite soñar.

Que difícil es amarte y no poseerte,
libélula ardiente de la libertad.
Tu sangre es un desierto verde,
de tu vientre vi parir mi eternidad.

Solo anhelo que el atardecer se funda
y las estrellas comiencen a estallar,
para que la vida cambie y confunda
el arte, la magia y el pasar.

Quiero que veas mi ocaso y mis sueños.
No deseo perpetuarme sino estar.
Permaneceré amado como nadie en tu sueño,
no resistiría otra manera de terminar.

Que difícil es amarte y no poseerte,
libélula ardiente de la libertad.
Tu sangre es un desierto verde,
de tu vientre vi parir mi eternidad.